El 8-M entra en campaña

“El 8-M entra en campaña”. Asumida otra movilización masiva, la derecha aprovechará este año para corregir el error del anterior: no concebir el discurso feminista como ajeno (y dejarse excluir o excluirse). El PP secundará la manifestación (después de días hablando de una presunta “ideología de género”) y Cs tratará de desmarcarse de Vox con un nuevo ideario. Pero el PSOE se frota ya las manos porque capitalizó antes la insignia del Gobierno de mujeres (aplacando así a Podemos).

El eje social, clave para el 28-A

“El eje social: ‘avance’ derechos o ‘retroceso’ de la sociedad, crucial para el 28-A”. El Gobierno intentará que lo social monopolice la campaña, enterrado el eje territorial (que hace días se deshincha ante sus promotores: PP y Cs). Eso ayuda al PSOE a seguir fagocitando a Podemos, y además, a atraer voto de derecha moderada. El objetivo pasa incluso por una opa al ‘marianismo’, con tal reivindicación de Sánchez al legado de Rajoy.

Fagocitar a Podemos

“Fagocitar a Podemos”. El PSOE sangró entre 2015-2016 por la vertiente social y territorial. Iglesias absorbió ese voto al erigirse como una fuerza “más de izquierdas” y plurinacional. Y eso es lo que ha luchado por revertir el Gobierno durante estos meses. La estrategia ha sido deliberada para fagocitar a Podemos: unos presupuestos populistas y un diálogo equilibrista con el soberanismo. Eso, más la dispersión de la derecha en las provincias pequeñas, y la movilización, hace que Sánchez pueda ganar las elecciones (gobernar igual no).

O yo, o el caos

“O yo, o el caos”. Pedro Sánchez anunciará con probabilidad este viernes las elecciones, que no es seguro que sean en ‘súperdomingo’. Si bien, el 26 de mayo ayudaría a taponar el punto flaco de la izquierda (la movilización) pero embarraría a los barones por la política con Cataluña. Se perfila ya el 28 de abril, con la consigna: o “pack” de la derecha (de lo que intentará desmarcarse Cs) o el PSOE. O la guerra territorial de nacionalismos periférico vs. silencioso, o la ‘pax sanchista’. Relatos que no falten.

Los presupuestos, en bandeja

“Los presupuestos, en bandeja”. A las puertas del juicio al 1-O, lo del relator es gravísimo. Primero, sirve para alimentar la propaganda independentista en el exterior sobre que este Estado “no tiene garantías”. Luego, da coartada al Govern entre sus filas (sobre una presunta negociación, que no llegará a ningún cauce). Si bien, la acción de PP y Cs (que agitando hacen la campaña a Vox) pone muy fácil a ERC/PDeCAT la opción (no segura) sobre que se abran a tramitar presupuestos de Sánchez. Si Casado es consecuente, moción de censura.

El papel del Ejército

“El papel del Ejército”. Como en cualquier Estado, para que triunfe ‘de facto’ la proclama de Juan Guaidó no sólo es necesario el reconocimiento internacional. La masa social añade presión, pero la clave es el control de las fronteras internas. Hasta el momento, los militares están con Maduro (y a veces se acusó al chavismo de vincularles al ideario bolivariano). La oposición es consciente de su importancia, y puso sobre la mesa una Ley de Amnistía, intentando atraérselos de su lado. Un general ya se ha sumado.

La tensión de los contrarios

“La tensión de los contrarios”. Muy interesantes movimientos entre los partidos extremos que ansían capitalizar el rechazo hacia las instituciones y la desafección política. Vox planea ya copar ese flanco, superando la lógica identitaria que le dio a luz, lo que choca frontalmente con Podemos (que además hace meses tiene importantes fugas de voto ya hacia el PSOE o la abstención). Ahí “lo de Errejón” puede acentuar la sangría del partido morado, pero a su vez, revestirse nuevamente de la credibilidad que Iglesias perdió hace meses.

Un alma del PP que tira hacia Vox

“Un alma del PP que tira hacia Vox”. Las medidas que Casado compra en el acuerdo con Abascal son las que menos incomodan a la actual dirección popular, pues el partido viró hacia la derecha al escoger a su nuevo líder, dejando atrás a un Rajoy más templado (a Montoro le llamaban el “socialdemócrata”). Si bien, el PP debe diferenciarse y ser firme, pues Vox le ha colapsado con su efectismo: les lio en la polémica con la violencia de género, donde el PP retorció bastante el discurso (pero sin ceder en el acuerdo final, que hasta puede aceptar Cs, aunque haga cordón sanitario a Vox).

Un consenso amplio en España

“Un consenso amplio en España”. Se confunden los términos cuando se mezcla una supuesta “ideología de género” (inexistente) con la legislación contra la violencia de género. Una cosa es rechazar ciertas posiciones de un feminismo más combativo, y otra es dudar de las ayudas a un tipo de violencia que es específico hacia las mujeres (eso lo comparten todas las feministas, liberales y de izquierdas). Por eso, hacen falta medidas concretas que luchen contra esa lacra machista execrable. La derecha de Estado necesita un discurso inclusivo.

La falacia del mimetismo

“La falacia de la mimetización”. No es cierto que si el PP hace cesiones a Vox en ciertas políticas, logrará neutralizarle y recuperar al votante que se fue. Al contrario, al entrar en su terreno, diluye la diferencia entre ambos y legitima su posición. Que se lo digan al PSOE: sólo logró jibarizar a Podemos tras apoyar el 155 (mal que pese), pues ahí marcó la diferencia con su rival. Casado debería dejar de querer ser otros: su problema es de discurso, de un votante envejecido (media 55 años) y de perder el centro. Las líneas rojas, como la ley de violencia de género, hacen a los partidos de Estado.