Rivera ve ‘su’ centro, cava un hueco

Albert Rivera tiene olfato, nació con brújula, maneja el tempo. Si un observador externo quiere saber dónde basculan los nichos de voto debe observar sus intuiciones, que convierte en gestos. Estallido del procés en Cataluña, criticar al Partido Popular por no encontrar las urnas el 1 de octubre, ergo, avanzar por la derecha. Gobierna Pedro Sánchez, erigirse como líder de la oposición con la tesis, esto es, sacar a Pablo Casado del principal foco de careo. PSOE y Podemos sellan el co-gobierno de izquierdas y PP-Cs se alían contra los “socios” del “golpe en Cataluña”. Pero una noche de otoño Rivera toca el freno: permite tramitar la propuesta para saltarse el veto del Senado a la senda de déficit y otras cuentas leyes. ¿Qué sucede?

Lejos de la anécdota –que en ningún caso supone apoyar las cuentas del Gobierno, pues desde el partido naranja insisten en que truncarán el “pacto de la cárcel” y la fase de enmiendas podría culminar en el verano de 2019, sino la vuelven a paralizar antes– la acción de Cs bien pudiera responder a una lógica electoral. El último CIS de octubre ilustra el proceso de derechización de la formación, que en poco menos de 4 años ha pasado de estar próximo al 5 en la escala ideológica, a acercarse al 7’25; es decir, pisando los talones al PP (8’31). Pero la substitución de los populares dista de ser inmediata. No porque sí son el principal partido de España con una implantación territorial-orgánica muy superior a la de Cs. Además, la brecha generacional hace que los electores de su espectro por encima de 55 años sigan confiando mayormente en el PP, de media.

Por tanto, la estructura de voto aboca a los naranjas a marcar distancias con Casado y no descuidar el motivo de su existencia: superar la lógica frentista. Primero, porque el carril central se despeja ante un escenario de polarización política, fruto de la reciente lógica de bloques, a las puertas del juicio por el 1-O: de un lado, socialistas-podemistas-peneuvistas-independentistas; del otro, los “mellizos” Casado-Rivera, con el “trillizo” en ciernes, Vox. Segundo, dado que los socialistas miran hacia la izquierda para comerse a Podemos, gracias al acuerdo de legislatura suscrito entre Sánchez y Pablo Iglesias –los sondeos dan cuenta ya de ello. Tercero, puesto que hace muchos meses que las transferencias de voto PSOE-Cs quedaron cerradas y sería oportuno reabrirlas. Aunque sólo un poco, con cuidado, que el Pacto del Abrazo no gustó a muchos.

Así las cosas, el político catalán se desmarca al encontrar la intersección donde sangra el bipartidismo, que es ‘su’ centro, resultado de superponer el eje derecha-izquierda al el eje regeneración-obstruccionismo. Con el PP, capitaliza electorado de derecha contra el independentismo-populismo: llega un pleno del Congreso, entre Casado y Rivera se los meriendan. Pero ojo, sin perder de vista los temas progres –como dicen fuentes del partido, “liderar cuestiones libres del dominio PP-PSOE”. Maternidad subrogada, frente a la ley del aborto de 1985 de Casado, o la regeneración, ante al bloqueo de las instituciones. Ahí tiene sentido que el Senado deje de ser decisivo ley de estabilidad, algo que Cs no rechaza de fondo. Es más, quién sabe si en el futuro podría resultar de utilidad, en caso de llegar al Gobierno.

El hecho es que estos movimientos tienen una doble dimensión electoral. El corto plazo de comiciosen Andalucía acerca a Juan Marín al hegemón de la contienda, que es el PSOE, con un PP que levanta ampollas al aseverar que los niños andaluces van por detrás dos años de los castellanoleoneses. En el largo alcance, Cs no debe descuidar los bastiones de la derecha, por eso el presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, y el dirigente naranja Ignacio Aguado, exhibían ayer su sintonía en la presentación del acuerdo de presupuestos. Y con las autonómicas y municipales en mente, Cs se abre también a la modificación de la regla de gasto en los ayuntamientos. Pasa que la formación naranja tiene problemas para visibilizar su utilidad en el voto de las provincias rurales. El olfato de Rivera, una brújula potente.

 

 

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